Caso Norma: Los analistas de un trastorno límite, por Belén Rico García

Ponencia presentada en el II Coloquio de Discurso Psicoanalítico: Clínica de los denominados Estados Límites, en Barcelona, 13 de diciembre de 2025.

HISTORIA FAMILIAR

  • Nombrada con 3 nombres:

                Norma Jeane Mortenson, apellido del padre que la abandona

                Norma Jean Baker, apellido de un amante de la madre

                Marilyn Monroe, seudónimo profesional

Hija de madre psicótica y padre ausente (real, simbólicamente).

Acogida por una abuela que en un brote de locura intenta asfixiarla

Abandonada a los 5 días de nacer en un orfelinato

Violada a los 8 años

Abusos sexuales por un primo

Abusos sexuales de uno de sus fallidos padres de acogida

La niña se convierte en objeto a para los adultos: abusos, erotización precoz. Ausencia del significante fálico que organice el deseo del Otro

Recorre múltiples casas de acogida: no hay inscripción del Nombre-del-Padre estable que funcione como significante que ordene el deseo materno.

MOTIVO DE CONSULTA

Angustia difusa, insomnio, miedo al abandono, ataques de pánico, imposibilidad de sostener relaciones amorosas estables. Hay un significante amo que domina su decir: “no sé quién soy”.

Se construye como objeto de deseo, no como sujeto del deseo. Identificación con la imagen deseada por el Otro. El síntoma se presenta como una queja que envuelve el goce enigmático del Otro.

Podemos resumir el caso en un trastorno límite de personalidad, depresión, ansiedad crónica e incluso trastornos disociativos.

DEMANDA

Su demanda está atravesada por un deseo de ser deseada, pero sin saber lo que quiere el Otro. No hay una pregunta clara por su deseo; en su lugar, hay una demanda de amor, contención, reconocimiento: “¿me aman por mí o por lo que represento?” Esta ambigüedad entre el sujeto y su imagen (el semblante Marilyn) constituye un punto clave.

ENTRADA EN ANÁLISIS

Norma comienza en 1955 su primer psicoanálisis con la Dra. Margaret Hohenberg por recomendación de Lee Strasberg durante su estancia en el Actors Studio.

Trabajó dos años con Norma a razón de tres a cinco sesiones semanales, lo mismo en consulta que en el domicilio de Norma. Especialmente la indagación de recuerdos sobre los abusos y las situaciones traumáticas infantiles promoviendo el análisis de sueños y la escritura de un diario. Su práctica analítica estaba alineada con “la recuperación de memoria” a través de las técnicas psicoanalíticas clásicas.

Acostumbrada a tomar un rol directivo con sus analizantes, Hohenberg comenzó a influir en la vida privada y profesional de Norma con consejos, sobre las personas con quién relacionarse y los proyectos a aceptar. La dependencia desarrollada por la analizante llevó a requerir la presencia de Hohenberg a Londres por una crisis durante un rodaje. Ante la imposibilidad de Hohenberg de prolongar mucho tiempo la estancia de su desplazamiento, deriva el caso a Anna Freud.

Anna Freud durante un mes de verano realiza una terapia breve pero intensiva a razón de seis sesiones semanales. Empleó técnicas lúdicas poco comunes para adultos, como juegos con canicas con la finalidad de interpretar los deseos de contacto sexual.

La Dra. Hohenberg había reflexionado en este tiempo de separación sobre  ciertas tensiones éticas que estaba detectando en sí misma respecto al tratamiento con Norma. Se cuestiona su deseo como analista de Norma. Por lo que al regreso de ésta a Estados Unidos recomienda que continúe su psicoanálisis con otro profesional diferente.

Anna Freud sugiere a Norma continúe su análisis con Marianne Kris, analizada y amiga de Anna, como el padre de Kris lo fue de Freud y además también alumna directa de éste. También analista de Jacky Kennedy.

Aplicó un psicoanálisis intensivo a razón de 5 días en semana, desplazándose a los rodajes si era necesario para no interrumpir la pauta de sesiones. Al ser una reputada psicoanalista infantil basó el trabajo analítico con Norma en los traumas tempranos, y las estructuras parentales, en el trastorno severo del yo como especialista que era en casos borderline y psicosis incipientes. Se convirtió en una figura maternal y controladora, estricta en el enfoque. El trabajo analítico fue dirigido hacia los traumas de apego no resueltos basándose en la creencia de una mejora estructural profunda a través del insight.

Siempre angustiada por los rasgos suicidas de Norma, quizá desbordada y condicionada por ellos, Marianne Kris toma unilateralmente la decisión del ingreso forzoso de su analizante en un Hospital psiquiátrico con celda acolchada. Tras abandonar el Hospital, Norma rompió la terapia con Marianne Kris perdiendo toda confianza en ella tras cuatro años de trabajo psicoanalítico. Norma escribió a su abogado una desgarradora carta describiendo el internamiento sin aviso previo, como un despojo de su dignidad.

Mariann Kris mostró su arrepentimiento ante la decisión tomada tras comprobar las consecuencias traumáticas que produjo en la analizante, reconociendo que el tratamiento pautado fue una intromisión médica por su parte, más que psicoanalítica.

Su intento de control mediante la internación violó el principio de alianza terapéutica generando, una vez más un debate ético.

Anna Freud recomienda a Norma al Dr. Greenson, Psiquiatra y psicoanalista freudiano clásico, miembro de la Asociación Psicoanalítica de los Ángeles, cuyo método de intervención psicoanalítica se encuentra expuesto en su obra Técnica y práctica del psicoanálisis.

Pero con Norma reemplaza la tradicional técnica freudiana por un enfoque más relacional a modo de una “terapia por sustitución familiar”. Con la finalidad de ayudarla a desarrollar un “yo” más sano lidiando con su vacío emocional y su sensación de abandono. Desarrollar un “yo auxiliar” o “padre interno”.

A razón de sesiones semanales diarias, a veces de hasta 5 horas de duración, y en ocasiones más de una vez al día, lo mismo en el consultorio, que en casa de Greenson o en casa de Norma.

Se implicó en construir un ambiente familiar con su propia familia para su mejora, a la vez que comenzó a controlar amistades, trabajo, estilo de vida de su analizante comenzando una terapia relacional familiar sin límites. Inventó un enfoque no convencional para suplir vínculos familiares en Norma.

En diciembre de 1961 Greenson escribe a Anna Freud refiriéndose a Norma “..he tomado el tratamiento de la paciente muy enferma, borderline, paranoide, adicta…improviso, sin saber a dónde voy”.

Jugó con la ruptura del encuadre, asignando una empleada doméstica como garante, no fomentó la autonomía psíquica, sino que reforzó la dependencia emocional. No protegió del exceso de medicación, sino que trabajaba mano a mano con el Dr. Engelberg para las recetas de barbitúricos y durante un año con el Dr. Milton Wexler para que le hiciera las suplencias eventualmente cuando se ausentaba.

Recordemos que el analista no es un “acompañante”, ni un “consejero”. El analista ocupa una posición estructural:

El lugar del sujeto-supuesto-saber: aquel en quien el analizante deposita el saber inconsciente. Greenson no mantiene la función del sujeto-supuesto-saber, sino que cae en la posición del Otro real (protector, presente, amoroso).

El lugar de la falta-en-el-otro: no todo está ahí, el analista no lo sabe todo ni completa al sujeto. Pero Norma no puede separarse de ese Otro que responde demasiado, que da lo que no debe dar. Esto impide la destitución subjetiva.

¿Por qué Norma no pudo atravesar el fantasma?

Desde la perspectiva del Discurso del Analista planteado por Jacques Lacan, la posición del analista consiste en encarnarse como objeto a, es decir, como causa del deseo del sujeto, sin responder a su demanda. Su función esencial es sostener la falta, no suplirla; operar como causa del deseo, no como objeto del mismo.

En el caso clínico de Norma Jeane (Marilyn Monroe) y su vínculo con el Dr. Ralph Greenson, esta función se vio comprometida. El tratamiento derivó en una relación de necesidad, más cercana a un lazo afectivo que a una dialéctica del deseo. Greenson ocupó el lugar de objeto de amor, respondiendo empáticamente a la demanda de Norma y convirtiéndose en una figura de completud.

De este modo, el analista abandonó la posición de semblante del objeto a y respondió con una presencia real, amorosa y protectora, que anuló la distancia simbólica necesaria para el trabajo analítico. Al integrarla a su vida familiar, colapsó la transferencia, transformándola en dependencia. La falta no fue sostenida, sino obturada, lo que impidió la caída del Otro como instancia absoluta.

La consecuencia de esta falla estructural fue que la función analítica se transformó en una función de cuidado amoroso, que tapó la falta con presencia. Al no producirse un corte simbólico, el análisis perdió su eficacia y reforzó el goce del Otro. La transferencia adoptó un carácter materno/paterno idealizado, donde el deseo fue sustituido por la empatía.

En este contexto, Norma quedó fijada en el lugar de objeto del deseo ajeno —del analista, del público, de sus amantes— sin poder subjetivarse como causa de su propio deseo. Su sufrimiento se cronificó, ya que fue tratada como objeto a ser cuidado o admirado, y no escuchada como sujeto del inconsciente. El deseo de Norma permaneció atrapado en el campo del Otro: su pregunta “¿Qué desea el Otro de mí?” nunca fue elaborada.

Cuando el Otro —representado por Greenson— comenzó a faltar o a no responder conforme a su expectativa, Norma experimentó un colapso subjetivo, desembocando en el pasaje al acto. Sin la posibilidad de sostener un deseo propio ni un corte simbólico que la separara del Otro, su única salida fue desaparecer como objeto, borrarse de la escena.
Tal como afirma Lacan:

“El suicidio es una salida cuando el sujeto no puede dejar de ser el objeto del goce del Otro.”

El fantasma dominante en Norma puede formularse como:

“Soy aquello que el Otro desea, pero nunca lo suficiente.”

En consecuencia, se ofreció como imagen deseable —Marilyn—, negando su propio deseo —Norma Jeane—. Repitió vínculos donde era usada o abandonada, sosteniendo el goce del Otro sin reciprocidad. Pedía amor, pero no podía recibirlo porque su ser estaba anclado en el deseo ajeno: “¿Quién soy yo si no me desean?”

El análisis no alcanzó a develar el montaje del fantasma; Norma no pudo afirmar “eso no soy yo” ni reconocerse más allá del deseo del Otro.

La travesía del fantasma habría implicado:

Desmontar la escena inconsciente donde su valor dependía de ser amada o deseada.

Desidentificarse de la imagen-marco de Marilyn para hablar desde Norma Jeane, sujeto del deseo.

Renunciar al goce de ser el objeto del Otro, condición para advenir como sujeto deseante.

Solo a través de este proceso habría sido posible el surgimiento de una nueva posición subjetiva, menos vulnerable y más autónoma frente al deseo del Otro.

Anna Freud expresó a Greenson que el análisis no había sido suficiente para contener el sufrimiento.  Cito: …“en estos casos somos realmente derrotados por algo más fuerte que nosotros y para lo cual el análisis, con todo su poder, es un arma demasiado débil”Final del formulario

Cierto es que un TLP es desbordante para un analista, acabamos de dar un repaso histórico a un caso y sus diversos abordajes desde el psicoanálisis por diversos profesionales. Hohenberg técnica clásica y sobre implicación, Anna Freud intervención breve y ética de la distancia, Marianne Kris estructuración intensiva y coerción y Greenson relacionalidad y colapso de la transferencia.

Recordando a Freud: “Hacer del trauma un infortunio”, menudo reto.

Me gustaría terminar recordando una reflexión de Fernando Colina:

“Entre el activismo terapéutico y la negligencia profesional, está la maestría personal, el primor clínico. El arte se muestra cuando uno duda entre reprimir o tolerar, contra el vicio de intentar curar, lo que no es posible. No somos ni tan capaces ni tan inútiles, pero nos confrontamos al arte de perder.”

El caso Norma ofrece a través de sus analistas una respuesta controvertida a un caso de TLP que nos aboca a un debate entre el furor curandis, la técnica y la ética.

Gracias.

Belén Rico

Psicoanalista

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