LA CIENTIFICIDAD DEL PSICOANÁLISIS, por Marcelo Edwards

Esta cuestión es crucial para el psicoanálisis, puesto que los cuestionamientos a nuestra praxis apuntan justamente a la supuesta no cientificidad de la misma, y por ende a su desacreditación. Los colegas freudianos o kleinianos, siguiendo en esto a Freud, sostienen que el psicoanálisis es una ciencia, mientras que muchos de los que seguimos las enseñanzas de Lacan nos hemos quedado con algunas afirmaciones finales suyas negando que el psicoanálisis sea una ciencia, en lugar de profundizar en la cuestión. 

Como bien señala Joan Bauzá en el artículo que escribió para este número, el problema es complejo, porque, por una parte, los psicoanalistas no hemos llegado del todo a un consenso generalizado sobre qué es un psicoanálisis -hay diversas orientaciones en nuestro campo- y por la otra, el campo de las epistemologías que podrían definir lo que es una ciencia tampoco está unificado.

Scientia quiere decir saber, y los psicoanalistas compartimos muchos conceptos que son invariantes como: lo inconsciente, la represión y los mecanismos de defensa, las pulsiones, el deseo, el narcisismo y la transferencia, entre otros, que dan cuenta del funcionamiento del sujeto. Además, compartimos una serie de criterios relativos al método de asociación libre y la atención flotante, y a las técnicas diferenciales que se utilizan con los pacientes en función de la edad o la estructura clínica, así como lo relativo a las diferentes formas del acto analítico (interpretación, señalamiento, escansión, etc.). Lo cual no quiere decir que todo lo mencionado no sea objeto de debate y de investigación en la comunidad psicoanalítica.

Por lo demás, aunque no esté unificada en un manual consensuado, los psicoanalistas hemos desarrollado una psicopatología psicoanalítica que da cuenta de las diversas estructuras y tipos clínicos, no solo en cuanto a la descripción de los síntomas sino a los determinismos inconscientes que condicionan su dinámica, es decir, las contradicciones del deseo del sujeto.

Las posiciones de Lacan al respecto

En el escrito La agresividad en psicoanálisis de 1948 podemos leer:

“¿Pueden sus resultados (los del psicoanálisis) fundar una ciencia positiva? Sí, si la experiencia es controlable por todos. Ahora bien, constituida entre dos sujetos uno de los cuales desempeña en el diálogo un papel de ideal impersonalidad (punto que exigirá más adelante nuestra atención), la experiencia una vez acabada y bajo las únicas condiciones de capacidad exigible para toda investigación especial, puede ser retomada por otro sujeto con un tercero. Esta vía, aparentemente iniciática no es sino una transmisión por recurrencia, de la que no cabe asombrarse puesto que depende de la estructura misma, bipolar, de toda subjetividad. Solo la velocidad de difusión de la experiencia queda afectada por ella y si su restricción al área de una cultura puede discutirse, aparte de que ninguna sana antropología puede sacar de ello una objeción, todo indica que sus resultados pueden relativizarse lo suficiente para una generalización que satisfaga el postulado humanitario, inseparable del espíritu de la ciencia.”

Es posible pensar que la propuesta del pase planteada en la Proposición de octubre de 1967, fuese una manera de llevar a cabo una verificación de los resultados de la experiencia psicoanalítica de modo que estos pudieran ser comunicables. Aunque los resultados obtenidos lo decepcionaron, el pase ha sido retomado por varias asociaciones psicoanalíticas, con exposición pública de los resultados y diversas publicaciones que abordan la cuestión del final de la cura.

Cabe reseñar también lo que dijo en La ciencia y la verdad de 1965:

Allí distinguió con claridad la relación que hay entre la ciencia y la verdad como causa, y el psicoanálisis y la verdad como causa. Indicó que mientras que la ciencia se ocupa de la verdad en tanto causa formal, el psicoanálisis se ocupa de la causa material, es decir, del significante y sus efectos.

Lacan se refiere allí a las ciencias formales como la lógica o las matemáticas que se ocupan de la adecuación formal de los enunciados, siguiendo los principios de identidad, no contradicción y tercero excluido que caracterizan al pensamiento racional, es decir, consciente. Pero quiso poner a la consideración científica el hecho de que el significante, en tanto representa a un sujeto para otros significantes, subvierte las lógicas clásica y simbólica. El significante, opera entonces como causa material, y esto requiere la formulación de otra lógica, distinta de aquella que da fundamento a las otras ciencias. 

El sujeto del que se ocupa el psicoanálisis, que no es otro que el sujeto de la civilización científica en la que nos encontramos, es un ser hablante que está inmerso en la estructura del lenguaje, una estructura que se caracteriza por su incompletud. Lacan dirá que el sujeto habla, sin saberlo, desde el lugar del Otro, y que las pulsiones (Ello) hablan en él. Dada la incompletud del Otro, no hay Otro del Otro y ni verdad de la verdad, lo que implica que esta solo puede ser medio-dicha. 

De hecho, Gödel, había demostrado mediante un teorema, que ningún sistema formal puede alcanzar la completud puesto que siempre hay un punto en que aparece su inconsistencia. 

Ahora bien, Lacan precisa en este texto:

“¿Necesitaré decir que, en la ciencia, en oposición a la magia y a la religión, el saber se comunica? Pero hay que insistir en que no es únicamente porque tal es la costumbre, sino que la forma lógica dada a ese saber incluye un modo de comunicación como suturando al sujeto que implica. 

Tal es el problema primero que plantea la comunicación en psicoanálisis. El primer obstáculo a su valor científico es que la relación con la verdad como causa, bajo sus aspectos materiales ha quedado desatendida en el círculo de su trabajo.”

Afirma entonces que la ciencia sutura al sujeto que implica, dada la forma lógica que da al saber en su modo de comunicación. Es importante subrayar que el científico, mientras está investigando, es un sujeto dividido como cualquier otro. Se interroga, cuestiona, es decir, que está inmerso en el discurso histérico. 

La sutura del sujeto se produce en función del modo de comunicación de los resultados. Es decir, a la hora de afirmar o negar equis enunciados. No obstante, si el espíritu científico continúa operando, esos resultados serán siempre provisionales, pasibles de ser ratificados o desechados, por lo que la dimensión subjetiva de interrogación, en principio sigue abierta.

Lacan agrega que el primer obstáculo para que el psicoanálisis sea considerado una ciencia es que el significante como causa material de la verdad, ha sido desatendida por los psicoanalistas. De esta frase se deduce que el psicoanálisis podría ser considerado una ciencia, si los psicoanalistas comunicaran sus resultados teniendo en cuenta al significante como causa. 

Ahora bien, lo que él estaba formulando respecto al significante desde hacía muy pocos años era una total novedad en el psicoanálisis de la época. ¿Estamos en la misma situación hoy en día? ¿Los psicoanalistas no tienen en cuenta la función de la letra en lo inconsciente, y la incidencia del significante en el determinismo de los síntomas de los analizantes, a la hora de presentar sus resultados?

Dentro del campo analítico, suele cuestionarse que el psicoanálisis sea una ciencia, porque nuestra práctica no va en la dirección de suturar al sujeto, sino justamente en la de darle la palabra para que pueda articular la singularidad de su deseo y hacer algo con él para resolver sus contradicciones, y por ende sus formaciones sintomáticas. Sin duda esto es así, y tiene que ser así porque de ello depende la eficacia del psicoanálisis. 

No obstante, eso no es contradictorio en absoluto con el hecho de que cualquier práctica requiere una teoría que le de fundamento, y que por ende el psicoanálisis se base en una serie de conceptos articulados, tal como los invariantes que mencioné anteriormente.

Si bien nuestra práctica no debe suturar al sujeto -es un principio que viene desde Freud y hay un consenso entre los psicoanalistas al respecto- resulta inevitable que cuando un psicoanalista comunica sus resultados clínicos para articular o interrogar algún punto de la teoría, se produzca momentáneamente una sutura del sujeto. Pero se trata de dos momentos distintos que no se tienen porqué solapar. 

Al fin de cuentas, esos resultados pueden ser retomados más tarde para ser interrogados, ya sea por el mismo psicoanalista o por otros colegas. La teoría y la práctica psicoanalítica se ha ido nutriendo justamente de investigaciones producidas por varias generaciones de analistas, y más de un concepto ha sido falsado y/o transformado en función de los datos de la experiencia.

El 2 de diciembre de 1975, en una conferencia en el MIT, Lacan dijo que el psicoanálisis no es una ciencia sino una práctica y un “delirio científico” que opera a través de la palabra. Un poco antes había dicho que no es una ciencia natural ni busca la exactitud, sino que opera con el sentido y la verdad del sujeto. 

Efectivamente el psicoanálisis no es una ciencia experimental ni busca la exactitud. Lo que importa en la práctica psicoanalítica es la verdad del sujeto y cómo este puede darle un nuevo sentido a su existencia. Aunque no solo eso -que tiene que ver con lo simbólico y lo imaginario- puesto que lo importante es cómo éste puede transformar su relación con lo real del goce, para dejar de sufrir.

Tal como indicaba Feyerabend, el epistemólogo, cada ciencia tiene que desarrollar una lógica pertinente a su campo y su objeto.  

Resulta llamativo entonces, que Lacan calificara de “delirio científico” lo que él mismo fue capaz de establecer en 1972/73 mediante su lógica de la sexuación, que da el fundamento de la teoría y la práctica psicoanalíticas. Sobre todo, porque en 1979, en Vincennes dijo: “De ahí mi reducción del psicoanálisis a la teoría de conjuntos”, (Ornicar? 17/18, página 278).

Estimo que la única manera de entender su negativa respecto de que el psicoanálisis sea una ciencia, es que para él la teoría de conjuntos o las matemáticas no formasen parte de las ciencias. Es un criterio que tal vez algunos compartan, pero no es un criterio general.  De hecho, las ciencias formales están en el fundamento de la mayoría de las disciplinas científicas.

El psicoanálisis no es una ciencia experimental, sino una praxis con fundamento científico.

Los psicoanalistas no hacemos experimentos con nuestros analizantes. Eso sí sería suturar al sujeto en la práctica: tomarlo como un objeto. Un psicoanálisis es una experiencia a la que el sujeto se presta para investigar sobre la causa de sus malestares. 

Por lo tanto, el psicoanálisis no es una ciencia experimental como tampoco lo son las matemáticas, la lógica, la antropología, la sociología, la historia, la economía, etc. de las que no se puede decir que no sean disciplinas científicas, cada cual con una metodología de verificación propia en función del objeto epistémico que les compete.

El psicoanálisis es una praxis discursiva cuyo objeto epistémico es el parlêtre, es decir, el sujeto dividido por el significante y su deseo inconsciente. en tanto que habla bajo transferencia en el análisis. Se ocupa de las fantasías propias de cada tipo clínico, así como de sus diversas modalidades de goce, dado que ellas determinan sus síntomas y su funcionamiento.  Esta praxis se basa en el método de la asociación libre por parte del analizante y la atención flotante del psicoanalista, algo que, por otra parte, es adaptable en función de las características del analizante.

Desde Freud mismo en adelante, la experiencia ha confirmado que las diversas presentaciones del malestar subjetivo de los pacientes responden a conflictos de orden ético. Por ello, las intervenciones de los analistas (preguntas, señalamientos, interpretaciones o escansiones) operan sobre las formaciones del inconsciente que emergen durante la cura: lapsus, actos fallidos, olvidos, sueños, etc. Estas formaciones que aparecen como una discontinuidad o corte en el discurso consciente, expresan el retorno de lo reprimido, y por ende permiten captar el deseo inconsciente que está en el origen de los síntomas. 

Por lo demás, el psicoanálisis tiene un fundamento científico en la medida en que ha establecido una lógica que da cuenta de la relación de deseo del sujeto con el Otro, y de aquello que lo causa. Pero no solo eso, numerosos análisis y metaanálisis demuestran que los resultados terapéuticos de las psicoterapias psicoanalíticas son válidos. 

Me ocuparé de ello y de los cuestionamientos al psicoanálisis en un próximo número.

Marcelo Edwards

Mayo 2025