DE LA PÉRDIDA CORPORAL AL TRAUMA PSÍQUICO.
CUANDO LA EXISTENCIA TE CAMBIA EN UN INSTANTE.
Por Laura Gómez Quijada, psicóloga sanitaria colegiada núm. 22965 con orientación psicoanalítica. Jefa de los dos Serveis de Rehabilitació Comunitària (SRC) del Centre Formació i Prevenció. Jefa del SRC de Premiá de Mar desde 2002 y del SRC de Mataró, desde 2025. 30 años de experiencia en la atención a personas que sufren Trastornos Mentales Severos (TMS).
“No llores porque las cosas hayan acabado, sonríe porque han existido”.
C.E. Bordakian.
A lo largo de la existencia, las personas pueden sufrir un acontecimiento que cambia de arriba a abajo su vida. Puede ser un accidente laboral, de tráfico o cualquier enfermedad que altera de manera permanente las capacidades de la persona para ser autónoma y autosuficiente. Ejemplos de esto son personas que quedan en una silla de ruedas, que sufren una amputación, que quedan desfiguradas por una quemadura, que padecen dolor crónico derivado de un accidente, que tienen una lesión grave, que pierden la visión, que sufren una mastectomía… Si encima hay conciencia de este estado, se inicia un camino de sufrimiento, de impotencia y de trauma que implicará un cambio subjetivo para el resto de la vida.
DESCRIPCIÓN
Estas personas deberán de hacer un camino de aceptación de los cambios que implicará un tiempo, un proceso, un duelo… En algunos casos esta situación hará que aparezcan problemas de salud mental como miedo, ansiedad, depresión, cambios del estado de ánimo, problemas de sueño, aislamiento, confusión, desorientación, problemas de concentración, ira, frustración… De cómo se pueda afrontar esta fase surgirá la superación o la persona se quedará anclada en la culpa y la lamentación. Y eso dependerá del valor que se da al objeto perdido. Si es valioso, el proceso será más complicado y duro.
Durante el primer tiempo se dan fenómenos de despersonalización donde el sujeto se siente fuera de su cuerpo, con pérdida de conciencia y de control sobre la vida. Es como si lo que sucede no le pasase a la propia persona sino a otro, a un tercero. Y tiene la sensación de que lo que pasa a su alrededor no tiene nada que ver con él mismo. La percepción de irrealidad puede producir la idea de que lo vivido es una pesadilla o una película.
La persona se tendrá que adaptar a la nueva situación y, muchas veces, tendrá que aprender a vivir de nuevo bajo una nueva realidad marcada por los cambios físicos y psíquicos derivados. Se tendrá que adaptar a la nueva situación imprevista y repentina que ha acontecido. Eso dentro del marco de una sensación de conmoción que tardará en desaparecer, a la espera de poder digerir y aceptar el actual estado. La experiencia traumática queda impregnada en la subjetividad de la persona. Puede aparecer la sensación de sentirse tratado injustamente por la vida. Una misma situación produce depresión permanente en un sujeto y en otro el tiempo le permite adaptarse y seguir viviendo.
Evidentemente, muchas veces ayudará el apoyo de familiares y amigos, pero també el soporte de un profesional de la psicología. Sobre todo en los casos que la persona se sienta sobrepasada por las emociones desbordadas y los pensamientos negativos. También si no tiene recursos suficientes para afrontar la nueva realidad que lo supera. A menudo aparecen recuerdos intrusivos, flashbacks o pesadillas que hacen revivir lo que pasó. Aparecen conductas evitativas de situaciones o lugares que rememoran el acontecimiento traumático. También se da aislamiento en casa. Si estos hechos no se abordan, la situación puede convertirse en crónica y alargarse toda la vida, independientemente del tiempo que haya pasado. El trauma se coagula y la situación es prolonga. La persona puede vivir una sensación permanente de peligro inminente o de desesperanza, confrontada ante la fragilidad de la vida.
“El duelo es un proceso, no un estado”.
Anne Grant.
TRATAMIENTO
El esquema corporal es un elemento fundamental en el desarrollo y permite la diferenciación entre los sujetos, consiguiendo una identidad propia de la persona y la consciencia corporal. El sujeto tiene una representación mental de su cuerpo que es el esquema corporal. El Yo es, antes que todo, un Yo corporal. Por tanto, cualquier acontecimiento que ataque al cuerpo, como es la pérdida corporal, implica un ataque directo contra el Yo. Es una situación difícil de aceptar que causa gran malestar. Aquella parte del cuerpo se convierte en ajena, extraña y fuera del esquema corporal de la persona. Es un objeto rechazado, malo y odiado.
Con el tiempo la persona tendrá que aceptar que aquella parte del cuerpo ya no está o no tiene la función que tenía. Implica metabolizar la pérdida. Ésta es la realidad. Esta situación enfrenta a la persona a la pérdida de una parte valiosa del cuerpo y, por extensión, a la futura pérdida total de su cuerpo, es decir, a la muerte. Es como una muerte parcial repentina. De aquí las sensaciones de peligro inminente, de fragilidad ante la vida.
Por tanto, el valor terapéutico de la palabra ayudará a articular lo que pasa ante un profesional que escucha y ayuda a elaborar el duelo. El trabajo será retirar la libido volcada en aquel objeto perdido ideal, y la reinversión de esta libido en otro objeto. Uno se tiene que dar permiso para descubrir los sentimientos que viven dentro de él sin negarlos, sin enmascáralos, sin recrearse, sin censurarlos… Pasando momentos difíciles, duros, intensos…
El tiempo ayudará a poder hacer alguna elaboración del lado de la restauración con todo eso. Aceptar la pérdida, restablecer el sentido de la vida, volver a disfrutar de la existencia y seguir viviendo. Si no se hace el proceso de duelo, éste se solidificará, se coagulará e impregnará a la persona para siempre.
Por tanto, si la cosa va bien, el sobreviviente tendrá que hacer un trabajo para dar un nuevo sentido a su mundo. Paralelamente deberá hacer una rehabilitación corporal para recuperar al máximo la funcionalidad de su cuerpo o adaptarse a nuevos elementos que lo ayudarán: una prótesis en una persona amputada, un bastón en un sujeto con ceguera, una silla de ruedas en una persona parapléjica… Tal vez también aparecerá algún tipo de dolor crónico que deberá de ser tratado.
Todo esto en medio de mil gestiones burocráticas para conseguir bajas laborales, incapacidades laborales, trámites de discapacidades, ayudas… que en el mejor de los casos ayudaran a elaborar la realidad y la situación. Pero a la vez crearán dificultades para retomar la vida.
“Él que encubre su dolor no encuentra remedio para él”.
Proverbio turco.
Si el duelo no se realiza de manera adecuada pasarán situaciones como que la persona busque un culpable fuera, desarrollando una ideación paranoide. Otras veces, el culpable puede ser la misma persona entrando en autorreproches y autoinculpaciones. Es decir, en pensar que él es el responsable de lo que ha sucedido. Otras pueden negar la realidad, no pudiendo asumir ni aceptar la pérdida bloqueando el duelo. Lo que les pasa es vergonzoso, no se puede mostrar y pueden acabar encerrados en casa fuera de la mirada de los que le rodean. En otros casos, la fijación está sobre la parte del cuerpo que falta o no tiene su función. La culpa recae sobre esta parte del cuerpo. Puede llegar a haber autolesiones sobre ella de manera que empeore la recuperación física. En personas que ya se sienten fracasadas pueden volcar sobre esta situación toda la razón de no haber conseguido sus sueños en la vida. Otras sentirán los ojos de todos volcados en aquella parte, mostrando autoreferencialidad.
En resumen, el duelo no se podrá resolver si la persona no es capaz de canalizar psíquicamente la situación, si niega la realidad, si se muestra ligeramente exaltada consolando a todos los que le rodean como una huida psíquica… Lo que es más traumático es que la situación ha sido imprevista, inesperada y despierta la angustia de desaparecer, dejando a la persona a cielo abierto confrontada a la muerte sin protección. Es una herida narcisista difícil de cicatrizar.
REFLEXIONES
Todas las personas a lo largo de la vida sufrimos duelos de diferente magnitud por pérdida de trabajos, de parejas, de seres queridos, de la juventud, de la fecundidad, de las fuerzas… Por eso, la importancia de los rituales vinculados a las pérdidas. Por ejemplo, en el caso de muerte de un ser querido hacer la vela, el funeral y el entierro. Cada vez más, en las sociedades más modernas, se da menos tiempo a estos actos y muchas veces se saltan partes de este proceso, dificultando el proceso de duelo. Las personas no se toman tiempo para recuperarse de estas situaciones. Todo el mundo se debe dar tiempo para recuperar el equilibrio y el bienestar, tiempo para iniciar la cura de las heridas. Y en la actualidad, se da por superadas las pérdidas rápidamente. Tampoco la sociedad lo permite. No hay bajas laborales demasiadas largas. Enseguida se dan altas para seguir como si no hubiese pasado nada. No hay espacio al lamento, esperando la recuperación rápida, situación que alarga los duelos en la mayoría de los casos. Se espera que la persona no de muestras públicas del duelo y que éste se quede en el ámbito privado, personal e íntimo.
La demanda de inmediatez en esta sociedad hace que a las personas les cueste entender que este proceso es lento. Implica darse el tiempo necesario para curar las heridas físicas y psíquicas, para recuperarse en todos los sentidos. Cerrar un duelo de este tipo supone la aceptación que el estado actual es diferente del estado anterior al trauma físico. Y este proceso no es lineal, tendrá sus altibajos. La persona se tendrá que adaptar a la nueva realidad. Si no se puede superar la situación puede aparecer la depresión. Por eso, es importante poder hablar con un profesional. Con él se puedo hablar cualquier cosa… por más vergonzosa, fuerte o terrorífica que sea. Están acostumbrados a escuchar el sufrimiento humano. A veces, en esta sociedad donde la palabra está infravalorada, las personas piensan que poner en palabras los pensamientos oscuros instalados es peor, es remover. Pero seguir recreando el trauma físico y cómo pasó es una manera mucho peor de revivir la situación. Como no se está en diálogo con el otro ni simbolizando a través del lenguaje se está delante del abismo de la desesperación, de la depresión y de la angustia. El inicio del proceso de poner en palabras puede ser difícil y agotador, pero siempre ayudará a aliviar la carga de la situación y a hablar de temas que uno no habla con la familia o los amigos para no preocuparlos.
En esta sociedad, donde las personas no quieren tener límites en su libertad, un acontecimiento así no es bien aceptado porque implica una ruptura del proyecto vital, de las esperanzas y deseos que aquella persona tenía. La recuperación implica centrar el foco en otros objetivos que sean satisfactorios y dignos para aquella persona. Es inventar un nuevo futuro marcado por la nueva realidad de uno, con nuevas oportunidades válidas para esta persona. Es como dice el dicho: “cuando se cierra una puerta, se abre una ventana”.
Tal vez las pérdidas repentinas y no esperables son las más difíciles de digerir. Dentro de éstas está la pérdida corporal. Ésta implica el inicio de una nueva etapa en la vida. Supone superar el desconcierto del no reconocer el propio cuerpo, cuando éste es identidad y con el que se tiene un vínculo íntimo. Es poder sentirlo de nuevo como un lugar amable y seguro, poder habitarlo y no sentirlo como ajeno. Implica renacer en un “nuevo cuerpo” que es una reconstrucción del antiguo. Implica dolor físico y dolor psíquico. Es reinventar la relación de un mismo con aquella parte de su cuerpo.
En otra línea, los Grupos de Ayuda Mutua son un apoyo. Ayudan a reconocer emociones, a hablar de lo que ha sucedido y a no sentirse solo en esta situación. El respaldo de esta “microsociedad”, que es el grupo de pares, ayudará a conectar con otros que aporten conocimiento por la experiencia y que tal vez están más avanzados en el duelo o lo han superado, situación que da esperanza sobre el futuro.
Esta nova fase de recuperación física y psíquica implica tener tiempo para descubrir nuevas habilidades no exploradas. Estas personas pasan semanas, meses o años sin trabajar. Así que descubrir nuevas capacidades ayudará a organizar el tiempo e, incluso, podrá ser el embrión de una nova dedicación laboral si aquel sujeto no puede volver a hacer de nuevo el mismo trabajo que hacía. En el extremo de la recuperación podemos tener ejemplos como los atletas paralímpicos, que pueden ser deportistas de élite todo y las limitaciones físicas.
Acabaré con una viñeta clínica. Trata de una persona que es amputada de una pierna. Pasa por muchas dificultades para poder cicatrizar la herida quirúrgica, paso necesario para poder utilizar una prótesis y levantarse de la silla de ruedas. En el proceso necesita de ayuda psicológica, pero actualmente ha recuperado la estabilidad y trabaja de manera voluntaria para una asociación que preside y que lucha por los derechos de personas amputadas.
Esta persona es un claro ejemplo de que uno se puede crecer ante las adversidades. Todo y tener más dificultades en la recuperación física actualmente tiene una vida plena.
Acabo con el deseo de que las personas superen los duelos y puedan saber que hay un futuro más allá de este momento tan catastrófico. Es una cuestión de poder poner palabras a los pensamientos más oscuros y seguir adelante.
“La pérdida nos enseña mejor el valor de las cosas”.
Arthur Schopenhauer.
REFERENCIAS: